La televisión convencional, gratuita y masiva, pasará a tener un papel secundario, prácticamente limitado a las transmisiones en directo de grandes acontecimientos, mientras que otros canales de distribución de contenidos, como internet, ganarán importancia.
En consecuencia, otros aparatos ganarán terreno, los ordenadores, y en especial los móviles y dispositivos como tabletas y pantallas táctiles tipo iPad, serán una forma muy extendida de ver la tele, algunos dicen que mayoritaria. Por tanto, ver televisión será un hábito cada vez menos vinculado al salón y abra más movilidad. De la misma manera, ver la tele pasará a ser un hábito menos familiar y más individual, y la programación será personalizada, cada uno verá lo que quiera a la hora que quiera.
Sony ya está desarrollando una estrategia en este sentido y ha sellado una alianza con Google que permitirá utilizar la pantalla del televisor simultáneamente para ver programas convencionales, chatear, ver vídeos en YouTube, o realizar búsquedas en la red, todo a la vez o por separado;
Apple tiene sus propios planes –para el 2011 presenta su candidatura para revolucionar el medio con iTunes y el iPad —, y la BBC está impulsando el Project Canvas, un ambicioso plan para crear un estándar a nivel internacional para la televisión por internet. En España, Televisió de Catalunya, pionera en el terreno tecnológico, dispone ya de prestaciones para que sus programas y su archivo puedan ser vistos también en iPad o iPhone, y para integrar internet y la señal televisiva.
Las redes sociales entrarán de lleno en la televisión, de manera que millones de personas podrán recomendar sus programas favoritos a otros, crear comunidades de fans y quién sabe si influir de forma decisiva en los contenidos. Y los usuarios tal vez den la espalda a la publicidad de forma definitiva y paguen para consumir programas libres de anuncios.
¿Y la tecnología? Los expertos apuntan a que la calidad y la fidelidad de las transmisiones de televisión mejorará claramente en el futuro y que la alta definición se convertirá en el estándar. Lo que no está tan claro es que otra de las apuestas de la industria, las tres dimensiones, parece más bien que quedarán limitadas a acontecimientos y aplicaciones concretas, mientras no se consiga terminar con las gafas estereoscópicas.
El futuro apunta a que el soporte físico tiene los años contados y que la manera de comprarse una película será bajarla de la red porque adquirir un disco habrá pasado a la historia. O mejor: a la prehistoria.
Un ocio digital. La era digital ha difuminado las fronteras espaciales y temporales, permitiéndonos pasar del trabajo al ocio en un solo clic de ratón. Si en la actualidad internet nos resulta imprescindible para ultimar un viaje o decidir el espectáculo que deseamos ver, en los próximos años esta dependencia aumentará y, con los nuevos aparatos integrados, accederemos en cualquier momento y desde cualquier lugar a nuestra música favorita, a la película deseada, a la información cultural o turística que necesitamos, etcétera
La industria de los videojuegos, que se encuentra en un proceso de innovación continua, no solamente en lo que se refiere a los soportes, nos rodeará tanto de nuevos juegos como de múltiples aplicaciones relacionadas con la simulación. Los últimos datos indican que el 40% de los aficionados a los videojuegos en Europa usan sus móviles para jugar. El éxito de la Wii reside tanto en su carácter interactivo como en la oportunidad de diversión grupal e intergeneracional.
El ocio que nos viene es digital, experiencial, intercultural...